Dedicados al reciclaje de metales en Bilbao, queremos que sepas que la clasificación y separación de metales ferrosos y no ferrosos es un proceso fundamental en la gestión de residuos industriales y en la cadena de reciclaje. Su correcta aplicación permite optimizar recursos, reducir el consumo de materias primas y disminuir el impacto ambiental derivado de la extracción minera. Además, garantiza que los materiales recuperados cumplan con los estándares de calidad requeridos para su reutilización en distintos sectores productivos.
Los metales ferrosos son aquellos que contienen hierro en su composición, como el acero y el hierro fundido. Se caracterizan por su resistencia mecánica y por su capacidad de ser magnetizados. Estas propiedades facilitan su identificación y separación mediante sistemas magnéticos. En plantas de reciclaje, es habitual utilizar imanes de gran potencia o separadores electromagnéticos instalados sobre cintas transportadoras para extraer automáticamente los materiales ferrosos del flujo de residuos.
Por otro lado, los metales no ferrosos no contienen hierro en cantidades significativas, como sabemos en Chatarrería Refegar. Entre ellos se encuentran el aluminio, el cobre, el zinc, el plomo y el latón. Estos materiales destacan por su menor peso, su resistencia a la corrosión y, en muchos casos, por su alta conductividad eléctrica. Debido a que no responden a la atracción magnética, su separación requiere métodos diferentes, como la clasificación manual, la separación por corrientes de Foucault, la flotación o técnicas basadas en diferencias de densidad y conductividad.
El proceso de clasificación antes del reciclaje de metales en Bilbao suele comenzar con una etapa de preselección, donde se eliminan residuos no metálicos. Posteriormente, se aplican sistemas mecánicos y tecnológicos que permiten dividir los materiales según su naturaleza. En instalaciones más avanzadas se incorporan sensores ópticos y equipos de análisis por espectrometría que identifican con precisión cada tipo de metal.
Una adecuada separación mejora la eficiencia del reciclaje, reduce costes de producción y contribuye a la economía circular. Asimismo, favorece el cumplimiento de normativas ambientales y promueve un uso responsable de los recursos disponibles.



































